La ascensión que convirtió a dos chicos en estrellas.

Crónicas de Montañas y constelaciones – Nomi

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Colocar trampas era la actividad favorita de Nomi. Sabía colocar de todo tipo. Grandes,
pequeñas, para animales voladores, terrestres e incluso acuáticos. Solo tenías que decirle
para qué la necesitabas y él sabría cuál era la indicada para la tarea.
—Creo que ya está —dijo Nomi terminando de atar una soga tejida alrededor de un pino. Se
alejo un poco para admirar su creación.
—¿Crees o sabes que ya está? —preguntó Ren, su compañero de caza y mejor amigo.
—Bueno, sé que se ve bien —respondió Nomi probando la resistencia de su nudo al tensar un
poco la cuerda.
—¿Y funciona? —Ren observaba la trampa como si tratara de descifrarla.
—No lo sabremos hasta mañana —Nomi se encogió de hombros restando importancia al tema
y sacudió la nieve de su ropa.
—Creo que… —Ren agitó la cabeza aclarando sus pensamientos antes de terminar la frase—
No. Sé que no entiendes que, si tu trampa no funciona, la tribu se queda sin alimento— replicó
frunciendo el ceño —. Familias enteras dependen de esto.
—Hay más grupos de caza; si nosotros fallamos, seguro que ellos traen algo—. Nomi frotó sus
manos para calentarlas, el frío del bosque empezaba a entumir sus pequeños dedos —
Además, mis trampas nunca han fallado.
Ren suspiró. Sabía que no tenía caso seguir discutiendo. Nomi era más terco que una cabra y
seguir discutiendo solo lo molestaría tanto que empezaría una pelea. Además, tenía razón: sus
trampas nunca habían fallado.

Ambos cazadores tomaron el resto de sus cosas: sogas, varas y sus abrigos de piel; regresaron
siguiendo el camino de marcas que fueron dejando en los árboles para regresar a su tribu
cuando habían llegado, un viejo truco que les enseño el padre de Nomi, quien también era
cazador, razón por la que Nomi se empeñaba tanto en poder cazar algo.
—¿No estás nervioso? — preguntó Ren que iba caminando detrás del chico.
—No —Respondió Nomi, un poco malhumorado.
—¿De verdad? —Insistió Ren.
—Te dije que quería venir a poner trampas para distraerme del tema ¿Por qué insistes en hablar
de ello? —Refunfuño Nomi liderando la marcha entre la nieve del bosque. Estaba un poco
molesto, pero prefería solo guardarse el enojo gruñendo levemente.

—Es un día importante, y por más que quieras evitar el tema el momento llegará.
—Pues, que el momento llegue cuando deba llegar, mientras tanto, estoy de cacería. — Nomi
zanjó el asunto y siguió caminando, murmurando algo que Ren no pudo entender.
Nomi seguía las pisadas que lograba encontrar del rastro que dejaron al llegar al sitio de caza,
retiró los delgados cabellos de su frente despejando su visión.
—Es tu día de emparejamiento, tu pareja destinada debe estar ansiosa de conocerte, ¿No te
preocupa eso? — exclamó Ren.
Nomi se plantó frente a un árbol y miró una rama a lo alto, flexionó las rodillas y se impulsó de
un salto para intentar alcanzarla sin éxito.
—Y lo hará, te lo prometo, es solo que… No quiero hablar del tema, ahora, ayúdame a subir,
aún tenemos tiempo para una trampa más.
Ren se colocó a un lado de Nomi y le ayudó a impulsarse con las manos, le impresionaba la
facilidad con la que podía cargarle.
Nomi era pequeño a comparación de todos los chicos de su edad, era delgado y bastante débil,
suponía que era por eso por lo que se le daban bien las trampas, tenía que usar su ingenio y no
su fuerza para colocarlas.
Recordó el primer día que salieron a cazar: Nomi intentó matar un jabalí lanudo. No uno adulto,
uno pequeño, un simple lechón, y a pesar de eso, Nomi terminó en el suelo empapado por la
nieve cuando el animal le tiro al correr entre sus pies. Ren no paró de burlarse durante toda la
tarde. Al día siguiente Nomi le puso una trampa al mismo jabalí, lo atrapó asustándolo con una
piedra y llevándolo hacia su red, desde entonces ese había sido su método de cacería, y cada
vez las trampas se hacían más complejas y enredadas que a Ren le costaba entenderlas, no
cabía duda de que debajo de esa cabellera marrón que tenía Nomi, había una gran inteligencia.
—Ya está, pásame esas varas — pidió Nomi.
Ren salió de sus pensamientos y vio al chico con una maraña sin sentido de soga enredada a
la rama, tomó las varas del suelo y las inspeccionó un momento.
—¿Y cómo funciona? — preguntó estirándose para alcanzar a darle las ramitas.
Nomi acomodó las ramas entre los complejos nudos de soga.
—Y una piedra grande— señaló al suelo ignorando de momento la pregunta de su amigo.
Ren rebusco entre la nieve hasta que encontró una que supuso le serviría, llevaba tanto tiempo
ayudándolo que ya se daba una idea de que necesitaba. Nomi amarró la piedra a un extremo
de la soga y la dejó colgando a la rama, la trampa parecía la boca de una planta carnívora.
— Cuando las aves pisen la rama, la piedra caerá con fuerza cerrando las varas y los dejara
encerrados. —explicó Nomi con entusiasmo fingiendo con sus manos que era un ave.
—Ya veo— dijo Ren ayudando a Nomi a bajar de la Rama, aunque volvió a ver la trampa
detenidamente tratando de resolver el rompecabezas.

—¿No entendiste nada, cierto? — preguntó Nomi sonriendo al ver la cara de confusión en su
amigo.
Ren entrecerró los ojos y ladeo la cabeza un poco intentando ver si había algo que aún no había
visto. —Creo que sí.
—¿Crees o sabes? — sonrió de vuelta Nomi al saber que molestaba a su amigo.
Ren miro a Nomi y frunció el ceño, era la misma pregunta que él le había hecho hace unos
minutos.
Nomi se echó a reír y miró a su confundido compañero. —Vamos, aún nos queda tiempo, tal
vez podamos hacer otra.
—Nomi— le llamó Ren al ver que iniciaba la marcha de nuevo.
—¿Ahora qué?
—Debes ir a prepararte, date un baño, arréglate, tu destinada no puede conocerte oliendo a
árbol y tierra. Regresemos a la tribu, aún es temprano, tienes tiempo.
—Te dije que no quería hablar del tema, para ya con eso.
—Venga hombre, no te pongas nervioso, todo estará bien, — Ren abrazo a su amigo y lo sostuvo
por los hombros para mirarle, —estoy seguro de que quien sea que sea tu destinada se sentirá
feliz de estar a tu lado, tienes mucho que ofrecer al mundo, mucho más a una chica.
Nomi desvió la mirada y se soltó del agarre de Ren.
—Es solo que… no me siento preparado, todos estarán ahí y estarán viéndome, ¿Y sí mi
destinada no aparece este año? Quedaré en ridículo como Dariel en el día de emparejamiento
pasado, no sé con qué cara va a aparecer en este. —Nomi se separó con cara de preocupación.
—Bueno, su destinada es alguien que este año cumple la edad para el día de emparejamiento,
estoy seguro de que llevarse un año o dos no es tan malo, además, no sabrás si eso te va a
suceder si no lo intentas.
Ren escuchó el sonido de risas acercándose y busco alrededor el origen, Nomi tardo un poco
más en darse cuenta de que su amigo estaba en alerta.
—Alguien está cerca. — dijo Ren y miró en dirección a de dónde venía el sonido.
Tres muchachos de su aldea reían y jugueteaban mientras caminaban en dirección a ellos, dos
de los chicos traían una rama bastante grande a los hombros con un cervatillo muerto
amarrado por las patas.
—¡Chicos! — les gritó Ren y agitó su mano en el aire para que le vieran.
Nomi prefirió no moverse por lo que se quedó completamente quieto viendo a los otros chicos.
—Ren, Nomi, ¿Cómo les va, lograron atrapar algo? — preguntó uno de ellos al verlos.
—Nomi puso sus trampas, mañana sabremos si atrapamos algo— respondió Ren.

Dariel, el chico del que había hablado Nomi hace un rato, cargaba la parte delantera de la rama,
—La comida se necesita hoy, no mañana — dijo burlándose.
—Calla Dariel, sabes que siempre que pongo mis trampas al otro día hay comida en
abundancia, — exclamó Nomi frunciendo el ceño y apuntándolo con el dedo.
Dariel rio. A Nomi no le agradaba, en su opinión, un árbol era mucho más inteligente que él, y
tal vez por eso fue por lo que se quedó sin pareja hasta este año.
—Sí bueno, Tosso mató al cervatillo, y mañana tal vez otro, si dependiéramos de ti, comeríamos
un día sí y un día no— replicó Dariel con una sonrisa entre sus regordetes cachetes y señalando
a otro de los chicos, al más alto entre ellos.
—Ya lo hacemos, con ese cervatillo solo podemos alimentarte a ti por lo regordete que estás—
escupió Nomi apretando los puños por la rabia, Ren colocó un pie frente a él para detener su
avance.
—Vale chicos, basta. — intervino Tosso, el chico que venía liderando a los otros dos.
Tosso era grande en tamaño, incluso más que Ren, su cabellera negra brillaba como el hielo e
imponía respeto por su tamaño, a simple vista era el más fuerte de todo el grupo, era todo un
guerrero, y debía serlo, era el hijo del jefe del clan.
Todos quedaron en silencio después de su intervención, Nomi solo se quedó mirando a Dariel
con el ceño fruncido.
—Y… ¿Listo para el día de emparejamiento Tosso? — preguntó Ren alejando el incómodo
silencio y empujando ligeramente a Nomi hacia atrás de él.
Nomi reaccionó molesto por la acción de su amigo, pero inmediatamente abrió los ojos más
de lo normal al darse cuenta de lo que había preguntado, también este año Tosso cumplía la
edad suficiente para participar en el día de emparejamiento, lo que le puso aún más nervioso,
todos iban a asistir seguro, que el hijo del jefe del clan participara en el rito era importante
incluso histórico, si Nomi se quedaba sin pareja todos lo recordarían por siempre.
—¿Crees que alguien como él estaría nervioso? ¡Míralo! Es perfecto para cualquier chica,
incluso los dioses deberían darle a elegir en lugar de elegir ellos por él. — respondió Dariel.
—No es para tanto— respondió Tosso modesto, —La verdad más que nervioso estoy ansioso,
quiero que sea un día perfecto. — Tosso sonrió imaginando el día.
—Apuesto a que su destinada es Tari, es la chica más bonita que hay este año — dijo Nato, el
otro chico que sostenía el cervatillo y quien no había hablado hasta ese momento.
—Oh sí, es la chica con los pechos más grandes que he visto, seguro que es suya. — Comentó
Dariel emocionado colocando ambas manos en su pecho haciendo un ademan un tanto
obsceno.
A Nomi no le agradaba el tono con el que Dariel lo decía, mucho menos sus acciones, le hacía
parecer un pervertido, y creía que era una razón más por la que los dioses no le habían dado
una pareja todavía.

—Bien chicos, ya fue suficiente, — ordenó Tosso, — ¿Y tú Nomi? ¿Nervioso?
—Yo… —Nomi miró a Tosso, era raro que hablará con él, era raro que Nomi hablará con alguien
que no fuera Ren en general, —… No, todo está bien. — Mintió.
—Me alegro. — Respondió Tosso, —Bien, hay que regresar ya, aún hay cosas que hacer antes
de que llegue el momento. ¿Creen poder cuidarnos la espalda? No queremos que un animal
salvaje nos esté siguiendo y no nos demos cuenta.
Nomi asintió con la cabeza y todos se pusieron en marcha.
Los chicos caminaron platicando sobre cosas de cacería y entrenamientos que a Nomi no le
llamaban mucho la atención, él estaba feliz con sus trampas y eso le bastaba. Ren parecía
bastante cómodo con la conversación, y eso le hizo pensar que rara vez le había visto cazando
algo, siempre estaba ayudándolo con las trampas, sintió un pequeño nudo en la boca del
estómago, debía hablar de eso con Ren en algún momento, puede que le haya estado quitando
la oportunidad de hacer algo que le gusta.
La tribu Natlal residía a las faldas de Yahene, una escarpada montaña gigante que tomaban
como lugar sagrado y era protegida por el bosque de nieve que le rodeaba. Las cabañas de
madera con recubrimiento de pieles que construían desentonaban del blanco de la nieve.
Familias enteras se encontraban preparando a los miembros más jóvenes para el día del
emparejamiento. A los hombres les vestían con sus pieles de lobo más llamativas que tenían,
a las mujeres vestidos de piel de cervatillo curtida con marcas grabadas con hierro caliente en
forma de estrellas, el sol o la luna, además de muchos adornos de tela teñidos en las muñecas
y tobillos a forma de pulseras.
—¡Nomi! ¿En dónde te habías metido? ¡Te he estado buscando por todas partes! — la voz de
una mujer detuvo al grupo de chicos, era la madre de Nomi, lucía molesta y preocupada al
mismo tiempo.
—Fui a… eh… colocar trampas al bosque con Ren— respondió Nomi un tanto nervioso, Nato y
Dariel rieron detrás de él burlándose.
—¡No es momento para tus trampas, tienes cosas que hacer, vamos! — le tomó del brazo y le
jalo para llevarlo con ella.
—Nos vemos. — Alcanzó a escuchar a Tosso despidiéndose.

Nomi forcejeó con el agarre de su madre, pero no tenía la fuerza para liberarse.
—Mamá detente, por favor— gruño dando pequeños saltitos para ver si con la fuerza lograba
soltarse.
—Nada de eso jovencito, imagina lo preocupada que estaba cuando salí a buscarte después
de que no volviste con el agua que te encargué. De no ser por que alguien te vio y me dijo que
te habías ido con Ren habría entrado al bosque a buscarte.
Nomi paró de forcejear, ya no había caso, ya estaban prácticamente frente a su casa.

Su cabaña, era pequeña, lo suficiente para tres personas, no tenía cuartos, solo era un cuadro
de 4 paredes, con una puerta y una pequeña ventana, su padre y algunos miembros de la tribu
la habían construido antes de que Nomi naciera. A pesar de su pequeño tamaño era de las
pocas casas que contaban con una tina interior para colocar agua caliente debajo y se
calentara, funcionaba para bañarse y calentar la casa.
Vio a su padre limpiando el pelaje de una piel de lobo sentado sobre las escaleras del pórtico,
este sonrió al verlos acercarse.
—Te había calentado agua para que te dieras un baño, pero fue hace horas, ahora debe estar
helada, no importa, ve dentro— le dijo su madre impaciente apuntando a la puerta de la casa.
—Papá, no necesito un baño— llamó Nomi a su padre pidiendo ayuda.
—Tu madre exagera, el agua sigue caliente, así que, lo siento muchacho, pero no voy a
presentar a mi hijo oliendo a ardilla. — rio un poco y levantó la piel de lobo extendiéndola, —
Mira, lo cacé hace poco, lo estuve buscando días, las madrigueras en esta época están vacías,
necesitaba que fuera un cachorro y normalmente solo hay en épocas de apareamiento, pero
mira es perfecto para tu tamaño. Yo mismo lo convertí en abrigo.
—¿¡Un cachorro!? —dijo Nomi exasperado y cubrió su rostro con las manos por la vergüenza.
—Vale, toma, ve a bañarte— terminó su padre ofreciéndole el abrigo de piel de lobo.
Nomi se lo arrebató y entró a la cabaña sin voltear a verlo o agradecerle.
La tina con agua le esperaba, se desvistió y se sumergió rápido, prefería sentir de golpe la
temperatura del agua fría que entrar poco a poco, para su sorpresa el agua aún estaba tibia. Se
relajo sintiendo el agua sobre su cuerpo, y dio un fuerte suspiro, se hundió hasta que el agua le
cubrió la nariz.
Cada segundo que pasaba era un segundo que lo acercaba a lo inevitable.
Miró los adornos del sol y la luna que colgaban sobre la puerta, —¿Por qué? — preguntó al aire,
o eso parecía, les hacía la pregunta a los dioses del sol y la luna, las deidades supremas de la
religión eclíptica, la religión que todo Natlal profesaba. Nadie respondió, pero no necesitaba
que alguien lo hiciera, él sabía la respuesta.
Hoy era su día del emparejamiento. Una celebración de su tribu que se llevaba acabo cada año.
Los dioses del sol y la luna, les otorgaban la bendición de saber quien seria su pareja destinada,
parejas bendecidas por los dioses que jamás fallarían, serian perfectas y felices.
Nomi no sabia bien como se llevaba acabo el ritual, solo las personas con pareja destinada
podían asistir a ver si es que no participaban.
«Si son parejas bendecidas por los dioses entonces no debería tener de qué preocuparme»
pensó Nomi. Salió del agua un poco para dar otro suspiro y finalmente se sumergió por
completo. Se relajo tanto que pudo lograr dejar su mente en blanco durante unos segundos,
segundos de paz en los que pudo sentir el agua, su pelo flotando y las yemas de sus dedos

comenzando a arrugarse por el líquido. No supo cuánto tiempo paso en el agua, en algún punto
dejo que sus pies flotaran y se recargo contra la pared de la tina.
El golpeteo de alguien llamando a la puerta le sacó del trance.
—Nomi, ¿Terminaste? — era su madre, se escuchaba casi tan impaciente como nervioso
estaba Nomi.
—¡Ya casi! — gritó el chico y salió del agua, sintió el frío recorrer su piel, y secó toda el agua con
un paño de algodón lo más rápido que pudo, miró la piel de lobo y la apretujo, era suave y
cálida, su padre había hecho una excelente decisión con la cacería de un lobo cachorro. De
nuevo el nudo en el estómago le dijo que algo andaba mal, debía agradecerle a su papá por lo
que había hecho, y tal vez, solo tal vez, disculparse por la grosería de habérselo arrebatado de
las manos.

—¡Es perfecto! — chilló su madre cuando lo vio salir de la cabaña ya vestido con la piel de lobo
a forma de abrigo.
A Nomi le agrado que su padre le había hecho un gorro con la cabeza del lobo y un poco de lana
que le cubría los costados de la cabeza a forma de capucha, se sentía un poco más seguro de
sí mismo, como si fuera una armadura.
—¿Lo ves? Te dije que le quedaría bien— dijo su padre.
Sus padres parecían más emocionados de lo que deberían estar, y eso le devolvió el
nerviosismo, incluso le llegó a dar un poco de nauseas. Si lo arruinaba se sentirían
decepcionados.
—Te ves bien Nomi— La voz de Ren llamó la atención de todos.
—Gracias — contestó Nomi sonriendo al verle.
Ren seguía vestido igual que cuando la madre de Nomi se había llevado a su hijo a casa, y era
obvio, Ren ya tenía su pareja destinada hace un año.
—Hey Ren, ¿cómo está Fraya? —preguntó el padre de Nomi.
—De maravilla, está ayudando a Trinald a preparar todo. — respondió Ren, —Y por cierto…—
busco en una pequeña bolsita que usaba en el cinturón y saco una cuerda tejida de colores. —
Fraya te manda esto Nomi, los tótems de unión suelen usarse como collar, pero no traen uno
de estos cuando te lo entregan. Lo tejió ella misma para ti. Es parecido al de nosotros. — Ren
le entrego el listón a Nomi y esté miro el cuello de su amigo, de el colgaba un pequeño dije con
forma de águila con un listón parecido al que le había dado.
Nomi tomó el presente y se lo colocó nervioso —¿Irás a la ceremonia? — le preguntó Nomi
jugando con el listón en su cuello.

—Claro que iré, mi mejor amigo está a punto de conocer a su chica. — Ren guiño el ojo tratando
de darle confianza a Nomi.
Nomi sonrió, le alegraba poder contar con la amistad incondicional de Ren.
—Solo no me avergüences cuando te la presente. — bromeó Nomi.
—Eso ya lo haces tú solo. — dijo Ren, Nomi lo miró con una sonrisa de complicidad
reconociendo que había sido una buena broma— ¿Ya no estás nervioso?
— Creo que…
—¿Crees o sabes? — interrumpió Ren con tono burlón.
— Hoy estás más insoportable de lo normal.
—No todos los días estás tan nervioso como para que molestarte sea tan fácil. —Ren le miró
sonriendo —Venga, vamos con Trinald, está juntando a todos los que traen su piel de lobo
cerca de la hoguera comunal.
Nomi forzó un suspiro intentando relajarse, pero eso sólo aumentó el sentimiento de
mariposas en su estómago, estuvo a nada de echarse a correr dentro del bosque y esconderse
para que no le encontraran.

Trinald, una de las ancianas y profetas de los dioses juntaba a todos los jóvenes cerca de una
hoguera gigante al centro de la aldea.
—Vengan, rápido que los dioses nos esperan— decía la anciana para que todos la escucharan.
Era casi del tamaño de Nomi, todo su pelo era blanquecino y sus arrugas le cubrían el rostro
en patrones que le hacían parecer siempre alegre.
Nomi, sus padres y Ren se acercaron uniéndose a la multitud.
—A partir de aquí vas solo, te vemos en la cueva— le dijo Ren.
Nomi le miró un poco preocupado, —¿No puedes acompañarme en el grupo?
Ren negó con la cabeza.
—No, sólo los que participan en la ceremonia suben con Trinald, los demás esperamos a que
lleguen.
—Ya va, pero ¿y si me pierdo?
—Solo van a subir un camino pequeño y llegar a una cueva, el camino está bastante marcado,
dudo mucho que te pierdas, solo no te separes del grupo, aparte no van a subir tanto, solo son
dos minutos caminando.
—Dos minutos… Tanto solo para saber con quién voy a estar de por vida. — La idea le hizo
perder la saliva de la boca.

—Si, y todavía te falta el rito de unión.
—¿Más? —preguntó Nomi preocupado.
La celebración tenía dos partes, primero la ceremonia de emparejamiento, donde los dioses
les revelaban sus parejas destinadas, y luego, tres días después, el día del eclipse, la
ceremonia de unión, donde las parejas se juraban lealtad de por vida justo cuando los dioses
podían verlos desde sus astros, con eso sellaban su relación y aceptaban la bendición. Una
especie de agradecimiento de parte de la tribu para los dioses.
—Hey Nomi— Tosso se acercó saludando, a diferencia del traje de Nomi, el de Tosso era un
lobo bastante grande, no tenía mangas y le habían dejado la parte frontal abierta, se lograba
ver su abdomen y pecho, Nomi pensó cómo hacía para resistir el frío, pero con su tamaño tal
vez era cualquier cosa, Nomi se moría de frio aun con el gorrito de lobo.
—Tosso— Saludo Nomi sin mucho ánimo, frotando sus manos para alejar el frio.
—Trinald me pidió ayudara a juntarlos a todos. ¿Estás nervioso?
—Un poco.
—¿Sólo un poco?
—Eso creo…— Miró a Ren quien sonrió malicioso, Nomi sabía que estaba esperando a que
terminará la frase — ¡Sé! que no estoy tranquilo. — dijo finalmente.
—Entiendo, me alegra que no soy el único nervioso— Tosso sonrió levemente, Nomi se
preguntaba cómo alguien como él podría estarlo, era alto, guapo, fuerte, respetuoso y amable,
tenía todo lo que cualquier chica deseaba, Nomi por su parte, solo tenía su inteligencia y
dudaba mucho que fuera algo que una chica buscara en un hombre, aunque tampoco sabía
mucho sobre chicas, o parejas.
—Bueno, los dejamos, mucha suerte, Nomi— se despidió Ren.
—Endereza la espalda y alza la barbilla, que todos vean que eres especial. — le dijo su madre,
lo abrazo un momento y se separó de él para darle paso a su esposo.
—Respira. No tienes por que estar nervioso, y pase lo que pase se que estarás bien ¿Vale?
Nosotros vamos a seguir aquí para apoyarte siempre sin importar lo que suceda allá arriba, si
los dioses no te desvelan tu pareja este año tal vez el siguiente. ¿Vale?
—Vale… —Musito Nomi viendo a su padre.
—Entonces mi cachorro, te dejamos, búscanos entre la gente si estas nervioso, vamos a estar
apoyándote. — su padre puso la mano sobre su cabeza con cariño y se alejo junto a la madre
de Nomi.
Nomi siguió a Tosso al grupo de jóvenes con pieles de lobo, Trinald llevaba solo al grupo de los
hombres.

—Su piel es de un cachorro, miren al bebé— escuchó la molesta voz de Dariel, casi olvidaba
que también iba a formar parte de la ceremonia.
—Y los tuyos deben ser como seis lobos— le respondió mostrándole la lengua.
—Chicos— Tosso impuso el orden.
—Nomi, ¿Y ya pensaste en quién te gustaría que fuera tu pareja? — preguntó Nato, Nomi se
sorprendió al verlo, no sabía que él también estaría en la ceremonia de este año.
—La verdad es que no. —Nomi no había pensado ni un segundo en eso, tampoco sabia quienes
iban a participar.
—Bueno, solo que no sea Tari, ella es de Tosso.
—Ella no es de nadie. — corrigió Tosso, —Y por favor, dejen de hablar, es un momento serio.
El grupo camino en procesión, los jóvenes jugueteaban y hacían ruidos, algunos incluso
corrieron para ponerse al frente del grupo. Nomi prefería estar hasta atrás. Aunque no le
agradaban mucho, Nato y Dariel eran de los pocos conocidos de su edad que tenía. Tosso por
su parte siempre era amable con el por lo que decidió quedarse en el grupo para que el
nerviosismo no le ganara y saliera corriendo del ahí.
—¡El sol y la luna han quedado atrás! ¡Afrir y Lennea no les serán serviciales siempre!
¡Abandonen a los dioses de la creación, ellos solo generan el sufrimiento y el pecado! ¡Adoren
a la verdad y la libertad! —Escuchó la voz de una mujer.
Una especie de profeta, de vestiduras negras y pelo igual de oscuro, delgada y de tez pálida.
Gritaba desde el bosque, cerca del sendero que todos recorrían.
—¡Los dioses antiguos no los defenderán ante el caos, somos desechables para ellos! ¡Esta
celebración es solo una muestra de que los han convertido en simples borregos siguiendo al
rebaño! — continuó la mujer. El grupo no se detuvo, siguió avanzando sin hacer caso a la
profeta.
—Que tipa tan rara. ¡Hey Nomi! Tal vez ella sea tu pareja — le dijo Dariel con una sonrisa en el
rostro que se convirtió en una carcajada de burla.
—Dariel… ¿¡Tú qué sabes!? — le gritó y avanzó hacia el con la intención de confrontarlo.
Tosso se interpuso entre ambos.
—¡Paren ya! ¿No les da vergüenza saber que los dioses los están viendo en este momento? —
les dijo el chico más grande.
Nomi se tranquilizo y por un instante agradeció a Dariel, el pleito le había bajado el nerviosismo
por la ceremonia.
Al estar lejos de la aldea Trinald se puso al frente y levantó una mano, todos guardaron silencio
y se detuvieron.

—Jóvenes, es momento que cumplan con su deber como miembros de la tribu Natlal y se unan
a sus parejas destinadas por los dioses, que el sol y la luna iluminen su vida y les den aquello
que complete su alma — exclamó la mujer, —Subiremos hasta una pequeña cueva donde
recibirán su tótem de unión— levantó y les mostró un pequeño trozo de madera sin forma
amarrado con un hilo, —Cuando comience la ceremonia este cambiará a la forma de un
animal, uno a uno irán pasando a comparar sus tótems con los de las chicas, cuando
encuentren el que sea idéntico al suyo habrán encontrado a su pareja destinada. Si notan que
su tótem no tiene uno igual, puede que su pareja aún no haya cumplido la edad para que forme
parte de esta ceremonia— concluyó.
—¿Y por qué no participan si de todos modos van a tener su pareja destinada? — preguntó un
chico del grupo.
—Porque, aunque lo hagan, los dioses no le darán su bendición hasta que hayan visto diez
eclipses. (16.5 años reales)
—Pero es de mala suerte que no tengas tu pareja a la primera, uno de los dos suele quedarse
solo antes de tiempo porque mueren de forma prematura. — exclamó otro chico.
El grupo guardó silencio y la anciana sonrió.
—No deben creer en supersticiones tan vagas, vamos— ordenó alegre, la mujer comenzó a
andar y todos le siguieron.
Nomi pensó en eso último que dijo el chico, era una superstición entre la tribu, todos lo creían
y por eso tenía miedo de que su pareja no apareciera, si de por si era malo estar solo un año
más, quedarse solo antes de tiempo era peor, el ejemplo más claro que tenía era Trinald que
llevaba ya muchos años sin su pareja, a quien no conoció si no hasta su segunda ceremonia.
Subieron por un sendero de piedra tallado en la montaña que iba a dar a una cueva gigante, el
interior tenía muchas pinturas rupestres de personas y animales, en el centro una columna de
piedra con forma de copa quemaba lo que parecía ser madera aceitada para iluminar el
interior, las mujeres vestidas para la ceremonia se encontraban del lado izquierdo en una fila
viendo hacia el centro y con los trocitos de madera ya en las manos, los hombres comenzaron
a formarse frente a las chicas del otro lado de la columna de piedra.
Nomi estaba tan nervioso que notó sus manos sudar, las frotó contra el pelaje de su ropa
intentando secarlas.
Tosso le vio y le sonrió, —Calma, todo va a estar bien— le susurro.
Nomi intentó prestarle atención, pero vio a las chicas frente a él, una chica de piel morena,
pelo castaño y delgada. Nomi le sonrió, la chica le devolvió la sonrisa y desvió la mirada
evitándolo. Nomi sintió un leve escalofrío.
No tenía ningún tipo de experiencia cortejando mucho menos hablando con alguna mujer, sus
días los pasaba solo o yendo de cacería con Ren.

Trinald pasó frente a los chicos junto a una mujer delgada de pelo largo castaño con una
canasta de mimbre y de ella tomaba los tótems de unión para entregarlos, Nomi reconoció a
la chica, era Fraya, la pareja destinada de Ren.
Cuando pasó frente a Nomi, este frotó sus manos con más fuerza en la piel de lobo y después
de unos segundos levantó las manos juntándolas para que Trinald dejará el trocito de madera.
Los demás sacerdotes quemaban inciensos y arrojaban algunas flores al suelo donde estaban
las chicas. Fraya le dirigió una sonrisa en silencio y un pequeño gesto con la cabeza. Nomi
regresó el gesto, le hizo calmarse un poco.
La mujer terminó de repartirlos y se quedó al final de la fila, el resto de las personas de la tribu,
que solo estarían de espectadores entraron a la cueva y se acomodaron alrededor, los padres
de Nomi y Ren se colocaron detrás de la fila de chicas para verle, Ren le dijo algo solo moviendo
los labios, pero no le entendió, su padre abrazó a su madre quien se veía igual de nerviosa que
él.
Nomi vio los tótems de unión de sus padres colgando del hilo en sus cuellos a forma de collar,
el dije de ambos era una lechuza, se preguntó cómo había sido su ceremonia de
emparejamiento, ¿habrán estado igual de nerviosos que él? Ellos eran felices, ¿Por qué él no
lo sería? ¿De qué se estaba preocupando tanto? Y entonces vio a Dariel después a Tinald, de
eso se preocupaba, de no tener a su pareja destinada.
Al entrar la última persona que no sería parte de la ceremonia todos guardaron completo
silencio. Zanir, el jefe de la tribu y padre de Tosso entró en la sala.
Un hombre de no más de veinticuatro eclipses, alto, fornido y con muchas cicatrices, Nomi
pensó que de ahí había salido el tamaño de Tosso. Era un hombre al que tenerle miedo, los
rumores decían que había peleado contra un oso el solo, sin arma ni armadura, y ahora era la
piel que usaba como abrigo.
El jefe se paró a un lado de Trinald y miró alrededor en silencio.
—Jóvenes, nuestros profetas ya han hablado con ustedes, y es momento de que esta
celebración comience— exclamó, todos aplaudieron y gritaron, el jefe tribal hizo callar a todos
levantando su mano extendiendo la palma, asintió hacia el primero de la fila de los hombres.
El chico dio un paso al frente, el trocito de madera que tenía en las manos brilló unos instantes,
tanto que no se podía ver entre sus manos hasta que se el brillo se apagó y dejo ver la nueva
forma de la madera, un castor.
Nomi se maravillo al ver lo que acababa de pasar, muy rara vez se tenia la oportunidad de ver
magia, no era común que hubiera practicantes de magia en la aldea, y los que había
resguardaban su habilidad para momentos importantes.
Todos los tótems de las chicas brillaron al igual que el del chico, cada uno tomó una forma
diferente, había conejos, jabalíes, osos, águilas, Nomi alcanzó a distinguir un pez.

El chico con el tótem castor comenzó a caminar frente a la fila de mujeres y fue viendo el tótem
de todas las chicas, cuando encontró el tótem que era igual un búho en las manos de una chica
sonrió, ambos tótems brillaron de nuevo, está vez solo los ojos del animal.
—Felicidades— les dijo Trinald bajito al acercarse.
Ambos chicos se miraron un segundo, el chico ofreció su mano y sonrió, la chica dudo un
momento, pero finalmente se tomaron de las manos, caminaron juntos hasta el fondo de la
fila.

Uno a uno fueron haciendo lo mismo, el tótem del hombre cambiaba y lo comparaba con el de
las mujeres hasta encontrar el que era idéntico, si no lo encontraba salía de la cueva, solo.
Nomi vio a Tari, era linda, tez morena, pelo negro obsidiana, de su tamaño, unos lindos color
miel y bueno, Dariel tenía razón, era la chica con los pechos más grandes. Se sacudió los
pensamientos de la cabeza, por supuesto que Tari no era para él, como dijo Nato, era perfecta
para Tosso, no tenía oportunidad ¿O sí? ¿Por qué no la tenía? ¿Por qué Dariel lo decía? ¿Él no
tuvo su pareja a la primera y se atrevió a decirle eso?
—Nomi— escuchó el susurro de Tosso.
Le miró y este le señaló con la mirada al jefe de la aldea, quien lo miraba con el ceño fruncido.
—Es tu turno— le dijo Trinald sonriendo con los pocos dientes que le quedaban.
El nerviosismo de Nomi se disparó de forma abrumadora, estuvo a punto de vomitar, pero vio
a sus padres. No, no podía decepcionarlos, menos ahora que ya habido llegado tan lejos. Cerró
los ojos y dio un pasó.
Su tótem brilló, y lo miró sorprendido, de cerca era aun más impresionante, una vez el brillo
desapareció miro el trozo de madera sin forma, ahora era un zorro, Nomi se preguntó si tenía
alguna especie de significado.
Sintió su corazón latir con tanta fuerza que creyó se le saldría del pecho. El mundo para él se
veía un poco borroso y parecía haber olvidado como respirar.
Caminó hacia la fila de chicas viendo a Ren, quien le hizo un gesto con la cabeza para mostrarle
camaradería, sabia que seguiría siendo su amigo no importando el resultado, de eso estaba
seguro, así que completamente solo no estaría, una preocupación menos.
Luego miró a sus padres, estaban con los ojos abiertos, su mamá apretujaba los puños por los
nervios, tal vez incluso ella estaba más nerviosa que él, aunque lo creía imposible. Y de alguna
forma también le calmo, sus padres estarían para él sin importar el resultado, se lo había dicho
su padre.
Caminó viendo a todos y cada uno de los tótems de las chicas.

Un pato.
Un ciervo.
Un colibrí.
Ni siquiera presto atención a quien tenia el dije, solo miraba los animales de madera.
Una serpiente.
Un lobo.
Un castor.

Mientras más se acercaba al final se ponía más y más nervioso.
Un hurón, este era el de Tari, imposible no verla.
Una ballena.
Un sapo.
Y ese fue el último tótem. Ningún zorro.
Se quedó pasmado en su lugar, sintió la sangre abandonar sus manos y pies. Miró a Ren, quien
se veía preocupado. Su padre lucía serio, intentando ocultar sus emociones, pero su madre las
mostraba por él con una cara de miedo y preocupación.
Sus manos temblaron y la sangre se le enfrío con rapidez, sintió sus pies ligeros y los músculos
del cuerpo tensos. Todos le veían fijamente, lo juzgaban y murmuraban.
Intento caminar lentamente, una lagrima se asomo en sus ojos e intento no llorar, siguió viendo
a todos al rededor intentando resistir el impulso correr.
No, no iba a soportarlo.
Nomi se echó a llorar y corrió fuera de la cueva.